Corrían los nublados días de finales de Octubre en el Delta del Ebro cuando nos empezó a picar el gusanillo por los huris. Vimos a uno en una tienda y nos gusto muchísimo pero ya tenía dueño así que decidimos comprarnos un libro sobre huris para empezar a conocerlos.
Al volver a Barcelona las cosas fueron sobre ruedas. Al lado de casa nos conseguían huris al momento y a 5 metros teníamos una excelente clínica veterinaria con un veterinario especializado.
Nuestra huri llegó a nosotros una tarde fría de principios de noviembre, venía en una pequeña caja de zapatos y temblaba bastante. Se nos encogió el corazón al ver lo pequeñita, delgadita y frágil que era. Nos recomendaron un pienso que era bastante malo (por entonces no conocíamos el mercado) y, a su vez, nos aconsejaron fatal de cómo acomodarla en su casa. Nos dijeron que le pusiésemos platos de humanos, que ocupaban más de media casa, y que en vez de substrato le pusiésemos papel de periódico.
La pobrecita estaba asustada y encima se empapó. El papel de periódico se empapaba todavía mas y no sabíamos que hacer. Ella solo quería abandonar aquel horrible hogar.
Al día siguiente lo cambiamos todo, pasamos de las indicaciones del señor de la tienda e hicimos la nuestra. Cuencos pequeñitos, un esquinero en condiciones y un buen substrato, parecía que todo pintaba bien.
Al día siguiente visitamos al veterinario por primera vez, infección estomacal que le producía unas cacas muy extrañas y la pérdida constante de peso (engordo 20 gramos el primer mes). El vete nos comento que teníamos que seguir un tratamiento medico durante varias semanas y cambiarle el pienso, ahora usamos el ANF.
Después de numerosos madrugones nuestra Ura iba cogiendo color, corría mas, saltaba mas alto, sonreía y sobretodo engordaba!!. Entre el segundo y tercer mes engordo más de 250 gramos y la infección desapareció. Ura estaba salvada!!!